jueves, 12 de julio de 2007

Sobre la derecha "de corte europeo"

Colaboración de... MARCOS CARRASCAL MENESES

Son frecuentes entre los progresistas las alusiones a la necesidad imperante para la salud democrática de este país de una derecha moderada, de corte europeo, alejada de la línea tradicional que viene, desde largo, manteniendo el Partido Popular. También entre los progresistas es corriente identificar a los iluminados líderes populares que parecen representar esa derecha liberal y destilada de la moralina tradicionalista patria. Hay quién ve en Gallardón, Piqué o Rato a la promesa conservadora que un Estado democrático europeo y supuestamente avanzado como el nuestro necesita. Sin embargo, este soliloquio permanente que la izquierda mantiene es, a todas luces, una alucinación más bien producida por unas irreales ganas de normalidad parlamentaria que un deseo real del electorado. Por lo general, nadie de quién pronuncia tal discurso, votantes de izquierdas, estaría dispuesto a darle su voto a esa derecha ideal por mucho que se moderase. Precisamente ¿no es en el seno de la derecha donde debería plantearse esa problemática? Y sin embargo, son muy pocos los que lo hacen. No. La derecha nacionalista y radical del PP responde a la composición sociológica del electorado conservador.
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Si en algún momento tuvo el Partido Popular oportunidad de gobernar no fue porque antiguos votantes progresistas le concediesen su voto, sino porque ante su abstención, pudo esa parte de la población española, identificada con el arcaísmo político del partido, elevar a gobernantes a los líderes conservadores. La derecha social española es, de una manera mayoritaria, una masa de nostálgicos de aquel nacional-catolicismo que reprimió a España durante cuatro décadas. Una numerosísima legión de afectos a la totalitaria moral de la Iglesia y partidarios de su aplicación forzosa. No debe sorprender, pues, que el PP no renueve su mensaje, no destituya a sus líderes más rancios o no deje de actuar en contra de los derechos y libertades fundamentales con sus ataques al progreso. Rajoy y su séquito de inquisidores son los más adecuados portadores de las precarias ideas que yacen en las mentes de quienes les dan su voto. Existe, no obstante, la ficción creada puntual e intencionadamente por parte de ciertos sectores afines al partido de la oportunidad de un giro. Discurso que sirve, a veces eficazmente, para atraerse a ingenuos votantes indecisos que no le ven los dientes al lobo.
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Que es lamentable que España no tenga en su vasija parlamentaria más derecha moderada y racional que la que representan los nacionalistas catalanes y vascos es un análisis que la izquierda puede permitirse hacer y que, por convicciones ideológicas, desearía ver resuelto. Pero nunca en el historial clínico del PP se han dado cismas de calado en nombre de ese liberal-conservadurismo prudente del que un Estado moderno tiene sed. Los aproximados nueve millones de votantes con que cuenta el PP seguirán dándole su apoyo a Fraga, a Aznar, a Rajoy o a quién toque dirigir la ignominiosa caravana reaccionaria de los populares. En manos, pues, del tradicionalmente aletargado electorado progresista, queda anular su efecto, para que los herederos de la España criminal no tengan de nuevo oportunidad de arroparse con la democracia para aplicar su fanatismo.

1 comentario:

NACHO dijo...

Acertada puntuación. Por otro lado, un análisis que los partidos de vocación social, progresista y solidaria SÍ deben hacer es cómo mejorar la comunicación con esa población cuyos intereses mayoritariamente sirven, cómo volver a ilusionar a esa gran masa de votantes cuya apatía y desgana devolvió al poder a una derecha rancia e intolerante, y la mantiene en no pocos sitios. ¿Cómo es posible que en aquellos focos de mayor corrupción la voluntad de las urnas hayan vuelto a depositar en ellos su confianza?

Bien es cierto que la masa es maleable, y en muchos casos fácil de manipular. Vemos como la gente deglutina sin dificultad alguna reaccionarios sermones radiofónicos llenos de inquina e infamia, titulares de prensa que juegan con la estabilidad del estado de derecho como quien saca su "pilila" (ahora que lo ha dicho Lord Sánchez Dragó, me permito usar el término públicamente) en una esquina y se pone a mear. Con la mayor de las desfachateces. Y como traga, pues a seguir escojonándose de los españoles.