sábado, 15 de diciembre de 2007

EEUU se une a los acuerdos de Bali... De momento

Y es que no puedo evitar desconfiar de quien aún menosprecia los efectos del Calentamiento Global, y que sólo ha sido capaz de sumarse a un acuerdo tras recibir multitudinarias presiones internacionales. Además, la mención de una posible reducción del 25 al 40% para 2020 no aparece, por exigencias americanas, en la parte dispositiva del acuerdo, sino en el preámbulo y, aún más, en un pie de página.
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No es que no tenga su importancia. Era vital llegar a un acuerdo común que posibilitara una "hoja de ruta" sobre la que trabajar para que esta vez los países SÍ se tomen en serio la necesidad de reducir las emisiones de CO2. Pero una vez dejada atrás la Cumbre, con tiempo por delante y en su casita, desconfío de las reflexiones y las verdaderas intenciones de la "primera potencia" mundial.
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Y YA PODEMOS PREPARARNOS EN CASO DE QUE EL PARTIDO REPUBLICANO GANE LAS ELECCIONES DE 2008... QUE, HONESTAMENTE, NO CREO QUE LO HAGA.PEROPEROPERO...

viernes, 14 de diciembre de 2007

La Cumbre de Bali, EE.UU. y los países desarrollados

Aquél que haya estado mínimamente atento a las noticias de los últimos días habrá oído o escuchado algo acerca de la Cumbre sobre el Clima que estos días se está desarrollando en Bali. Una importantísima reunión de 130 países que debe diseñar una hoja de ruta para la firma de un Protocolo que sustituya al de Kioto cuando este expire, en 2012.

No voy a entrar a explicar, porque para eso ya están Google y los medios digitales, los pormenores de dicha cumbre, excepto una obligada mención a la evidente importancia de lo que nos jugamos: el futuro sostenible del planeta y su protección frente a una dinámica de desarrollo irresponsable y autodestructiva, incapaz de mirar por las generaciones futuras que habrán de heredarlo.

Pero sí me gustaría reflexionar en voz alta acerca de la actuación de los países desarrollados en lo que a políticas medioambientales se refiere, y en especial a la actitud del país que más gases de efecto invernadero emite a la atmósfera: los Estados Unidos de George W. "Dumb" Bush. La universalmente considerada primera potencia mundial, encabezada por el Gurú de las Armas de Destrucción Masiva, ni siquiera quiso en su día ratificar el Protocolo de Kioto cuya renovación se busca ahora. Y es, además, el principal escollo para que esta cumbre termine con un compromiso que incluya cifras concretas.

Lo del líder republicano estadounidense es en verdad de feria: no ratificó Kioto, se resiste a las casi unánimes presiones para comprometerse con reducciones concretas en esta cumbre y se permite la soberbia de convocar una cumbre en Hawai con "los mismos" objetivos que la de Bali (auspiciada por la ONU y por la cual Bush demuestra definitivamente tener un desprecio intolerable).

El País dice, en su edición de hoy, que las presiones de la Unión Europea (que ha amenazado a los EE.UU. con no acudir a su cumbre de Hawai) pueden conseguir un compromiso de reducción de gases de entre el 25 y el 40% para 2020, que a estas horas Estados Unidos sigue negándose a suscribir. La Cadena Ser rebajaba esta mañana esas pretensiones y era algo menos optimista.

Es sencillamente vergonzoso que sigan predominando los razonamientos económicos por encima de los medioambientales, y que el negacionismo tenga tanta aceptación al otro lado del Atlántico. En un reciente debate televisado entre los candidatos republicanos a la Casa Blanca en el 2008, sólo McCann reconocía el cambio climático como un problema importante. Puede parecer una exageración, pero con este falta de concienciación y solidaridad el panorama cataclísmico que pintan algunos blockbusters norteamericanos podría, a medio o largo plazo, ser una triste realidad: el último informe del IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) considera que los hielos árticos podrían desaparecer incluso tan pronto como 2013.

Por lo demás, no me deja de parecer injusto que los países en vías de desarrollo reciban amenazas de sanciones por parte de las potencias mundiales para que admitan compromisos de obligado cumplimiento. Me explico: es evidente que todos debemos de aportar nuestro granito de arena y aceptar compromisos, pero éstos no pueden ni deben de ser iguales para todos: tendremos que tener en cuenta la contaminación que producen per cápita y el nivel de desarrollo. No se puede exigir lo mismo a Estados Unidos, primera potencia mundial y además la más contaminante (y, por ende, quien debiera de recibir más exigencias) que China o India, que por volumen de población también contribuyen considerablemente al Calentamiento Global pero cuyo nivel de desarrollo es aún mucho menor.

Es necesario que la Unión Europea y EE.UU. lideren, conjuntamente, un desafío global de estas magnitudes, y que nos dejemos de negacionismos que lo único que hacen es cerrar los ojos ante lo evidente. No se trata de cuánto queda para la catástrofe, sino de qué podemos hacer para que nunca sea una realidad.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Buen puente de la Constitución

Escribo estas brevísimas líneas para desearos a todos un buen puente de la Constitución. Aprovechemos para tomar aire antes de las últimas semanas del año y de la vorágine consumista del pretendido espíritu navideño (prometo escribir sobre ello a mi vuelta). Por mi parte, aprovecharé estos cuatro días para refugiarme en Granada y disfrutar del descanso y del fantástico ambiente del casco antiguo, la Alhambra y el Albaicín :-)
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Y mientras estoy fuera... ¡¡Sacadle jugo a la vida, truhanes!! No cometáis la imprudencia de dejar de disfrutar ni un sólo instante.
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Abrazos y... ¡Hasta el lunes!
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lunes, 3 de diciembre de 2007

Notas de lunes

Amanecimos hoy con la que considero una buena noticia para quienes, de uno u otro signo, creemos de verdad en la democracia y en las libertades civiles y sociales: la derrota de Hugo Chávez en el referéndum para la reforma constitucional de Venezuela. Por la mínima, eso sí (50,7% frente al 49,2%), pero derrota al fin y al cabo.
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La escalada caudillista y egomaníaca del dirigente venezolano a lo largo de los últimos años había amenazado por destruir definitivamente cualquier conato de pluralidad y libertad verdadera en el país sudamericano, decidido por todos los medios a eliminar cualquier atisbo de oposición democrática -léase el cierre de Radio caracas TV- y convirtiéndose en un auténtico peligro para la estabilidad regional y de las relaciones internacionales.
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Porque aunque en el fondo uno pueda estar de acuerdo con la justicia social y moral de algunas (o muchas) de las reivindicaciones políticas de Chávez, jamás podré estar nunca del lado de quien guarda a su vez tan poco respeto por las leyes democráticas y el espíritu que por naturaleza las anima. La libertad de expresión y las reglas del juego democrático, la justicia y la transparencia han de ser condiciones sine qua non que respalden cualquier actuación o iniciativa política. Si no se respetan estos mínimos la legitimidad del gobernante (u opositor) brillará por su ausencia y sus palabras o acciones estarán marcadas por el estigma de la i (o a)legalidad.
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El dirigente bolivariano se ve a sí mismo como el único líder posible para el futuro de su país, y en su enfermizo mesianismo se ha llegado a considerar la única vía posible de salvación para su pueblo. La derrotada reforma constitucional buscaba perpetuarle en el poder y darle la autoridad suficiente para hacer y deshacer a su antojo (incluyendo una intolerable concentración de poderes en su persona) siempre que lo considerara oportuno.
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Creo firmemente que el pueblo venezolano necesita menos populismo y más democracia, y que esa será la mejor manera de mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Y también quiero creer que hay alguien más en Venezuela capaz de llevar políticas sociales y socialistas que contribuyan al progreso de su pueblo, sin que ello suponga menospreciar y violar los principios democráticos que han de ser necesarios garantes de la libertad, la igualdad y la justicia en toda sociedad de futuro.

sábado, 1 de diciembre de 2007

25 AÑOS

El veintidós de septiembre pasado, éste que os escribe ahora desde la abarrotada sala de un locutorio madrileño tuvo la oportunidad de entrevistar a Alfonso Guerra en su despacho del Congreso de los Diputados. La razón no viene al caso y del encuentro con el histórico dirigente socialista, si alguna vez se publica, daremos sobrada cuenta en este blog. Pero recuerdo la anticipación y cierto nerviosismo previo. No en vano íbamos a conocer a uno de los protagonistas de la transición española y de los primeros años de una democracia aún en pañales. Y eso, admitámoslo, no sucede todos los días.

En aquella charla, que duró algo más de una hora, repasamos su punto de vista sobre la actualidad política (preside la Comisión Constitucional del Congreso y la Fundación Pablo Iglesias, entre otras cosas), pero también aquellos años de consenso en que se dio forma a la Constitución, que habría de ser la espina dorsal de una maquinaria democrática que pugnaba por ponerse en marcha con las mayores garantías. Recordando aquellos días sin apenas descanso, sabiéndose protagonistas de un momento único en la historia de España y trabajando hasta la extenuación por hacer la mejor de las Constituciones para todos los españoles y españolas. Repasando las relaciones con la Derecha española, la Iglesia, los primeros años de gobierno, la vocación a la que renunció por dedicarse a la política.

Hablar con Alfonso Guerra fue, sin duda, un privilegio. Recuerdo de aquella reunión la sorprendente cercanía de un compañero y la sensación de estar ante un libro abierto. La mirada atrás en el tiempo a través de sus reflexiones y el llegar a intuir cómo debió ser vivir aquellos años tan trascendentales y aún más, ostentar la responsabilidad de gobierno cuando todavía se estaba saliendo de una dictadura de casi 40 años.
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Mañana, domingo 2 de diciembre de 2007, se cumplen 25 años de la llegada de González y Guerra a la Moncloa, y desde aquí me uno a las felicitaciones y os invito a leer la crónica del reencuentro de Guerra y González en aquella habitación del hotel Palace donde entonces celebraron, de la mano y asomados a la ventana, los 202 escaños que obtuvo el PSOE en las elecciones de 1982 y el inicio de una aventura que habría de transformar radicalmente la sociedad española.