viernes, 26 de marzo de 2010

"Garzóngate", o cómo la justicia da cada vez más asco en este país

El diario El País, como la mayoría de rotativas hoy, se hace eco del nuevo episodio vivido en el esperpéntico espectáculo que nos ofrece la devaluadísima justicia española, con el acoso al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. El Tribunal Supremo, a través de un auto dictado por el juez ultraconservador Adolfo Prego, patrono de honor de la fundación ultraderechista Defensa de la Nación Española, decidió ayer no estimar el recurso de Garzón en el proceso abierto contra él por un presunto delito de prevaricación, al osar declararse competente para investigar los crímenes del franquismo. Fuentes del Supremo señalaron que Prego y sus jueces afines, los mismos que aceptaron también las querellas de Manos Limpias y Falange Española, se disponen a ser también los que eventualmente juzguen al juez de la Audiencia Nacional.

Lo que empezó como una excentricidad más de las minoritarias asociaciones ultraderechistas y fascistas españolas, escocidas por la iniciativa de Baltasar Garzón, se ha convertido en motivo de vergüenza y escarnio dentro y fuera de nuestras fronteras. Hablamos de un juez comprometido en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y los crímenes contra la humanidad, iniciativas que le han hecho una figura seguida y admirada internacionalmente. Alguien que en cambio sólo ha recibido zancadillas del sistema judicial español y que ahora está siendo preparado para un linchamiento público, a manos de sus "compañeros" y de aquellos a quienes Garzón se ha atrevido a investigar.

Vergonzoso es el simple hecho de que se admitieran a trámite las querellas contra Garzón por esa presunta prevaricación. El argumento, que Garzón habría violado conscientemente la Ley de Amnistía de 1977 al investigar los crímenes franquistas. Razonamiento que se desmonta rápidamente cuando se observa que los crímenes que Garzón investiga pueden ser considerados crímenes contra la humanidad, que no pueden ser amnistiados -por lo que la ley del 77 no sería válida-. Igualmente inválidas resultaron en Argentina las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que intentaron perdonar los crímenes de la dictadura militar en aquel país.

Y no sólo eso. El triple frente al que se enfrenta Garzón incluye también a aquellos que han sido investigados por el juez de la Audiencia Nacional. La anulación de las escuchas telefónicas a los encausados en la Trama Gurtel es el ejemplo más claro de cómo las leyes pueden retorcerse, reinterpretarse y prostituirse para servir a los intereses más abyectos y despreciables. Con tal de que caiga Baltasar Garzón, el demonio, no importa dejar fuera de la cárcel a los chorizos, a los ladrones y a los impresentables. A fin de cuentas, son de la misma cuerda, se enriquecen mutuamente, y en esos círculos hay que cubrirse bien la espalda.

El tercer vértice de este triángulo de perversión ética y jurídica lo componen los supuestos cobros que habría recibido Garzón de la Universidad de Nueva York durante su estancia en los Estados Unidos, algo que la propia universidad ya ha negado. Pero da igual, todo vale. Me pregunto qué fe se supone que debemos tener en nuestro sistema judicial cuando vemos día sí, día también ladrones, especuladores y corruptos copar los titulares de los periódicos, acumular acusaciones, leer sobre pruebas y escuchas... Para que luego se vayan a casa tan tranquilos. Qué asco.
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