jueves, 27 de septiembre de 2007

Myanmar o la tibia reacción internacional

Las revueltas que, en favor de la democracia y contra la Junta Militar, tienen lugar estos días en Myanmar (antigua Birmania) no tienen demasiados visos de acabar bien. Ya llevamos 9 muertos y cientos de heridos y detenidos. Este país del sur asiático, en manos de la dictadura desde el golpe de estado del general Ne Win en 1962 y poseedor de grandes recursos naturales, es por este mismo motivo una golosina demasiado atractiva en manos de los inversores extranjeros, poco o nada concienciados con los abusos y las violaciones de derechos humanos que tienen allí lugar -para Amnistía Internacional, hay más de 1.160 presos políticos-.

Es la vieja historia de siempre, el "parecer indignados", como dice hoy Íñigo Saenz en el diario "Público". La Comunidad Internacional, a pesar de que ya promueve una serie de sanciones (embargo de armas, servicios financieros) contra el régimen militar, podría hacer mucho más. Podría, por ejemplo, exigir a Rusia o a China, sus principales socios comerciales, que dejen de colaborar con la corrupta oligarquía militar birmana. Pero, muy al contrario, China -organizadora de los próximos JJ.OO. y poco proclive a respetar los derechos humanos- ha vetado una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que se proponía adoptar nuevas sanciones. Para Rusia, "es un asunto interno". En Francia, Sarkozy ha llamado a las empresas a dejar de invertir en Myanmar, citando expresamente a la petrolera gala "Total". Pero el dinero no le hace ascos a nadie, y la ética es muy relativa.

A fin de cuentas, siempre ha sido así. Donde hay dinero, lo demás no importa. Cuando hay una crisis, alguien muere y el asunto sale a la palestra internacional, nos indignamos todos mucho, pedimos responsabilidades (cómo es posible, por Dios, qué vergüenza) y poco más, ante los gestos decididos de los líderes mundiales que se preocupan sólo de defender sus propios intereses. En el Golfo había dinero, y tardaron dos días en echar a Saddam. En Somalia, en África no, y ahí se siguen pudriendo.
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Mucha suerte para la monjes budistas que hacen frente a los tanques. Mi pensamiento está con ellos.

1 comentario:

lola G.J dijo...

Yo diría que practicamente ninguna ...y ahí hay que meter a todas las potencias ...ya sabemos que China y Rusia son las que más pueden hacer ...pero yo no he visto presión internaciónal por ningún sitio , mientras se aplastaba a un pueblo en sus derechos fundamentales ...la visita de la ONU , un paripé más ...

Y hoy ya, casi ni se habla en los periódicos... Es una auténtica vergüenza.

un saludo