jueves, 3 de mayo de 2007

Efecto Malasaña...

Durante unos instantes en este pasado puente del Primero de Mayo, pensé que estábamos reviviendo épocas de represión policial felizmente superadas. Por algún motivo suelo ser reticente a justificar esas "cargas policiales" masivas que en demasiados casos suelen revelarse desmesuradas y desporporcionadas, y tras analizar los acontecimientos hay sobradas razones para pensar que la gestión de estos altercados ha sido, como mínimo, tremendamente desafortunada, y que las cargas policiales -si bien necesarias en un momento dado- estuvieron penosamente coordinadas.
Entremos en situación. Madrileño barrio de Malasaña, vísperas del 1 de mayo. Grupos de jóvenes quieren celebrar las fiestas del barrio, eliminadas por el Ayuntamiento, con un botellón, y los efectivos municipales tienen tomada la plaza de Dos de Mayo. Sin embargo, por alguna lógica que se me escapa, no evitan que los jóvenes hagan su botellón en las calles adyacentes. No intervienen ni les desalojan sino que, para hacerlo, esperan a las tantas de la mañana, cuando los incontrolados que fueron allí con intención de montarla aparecen. Y al final... los disturbios.
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No justifico en modo alguno la actitud de los botelloneros. Yo mismo he hecho botellón (quién no), si bien es cierto que en mis tiempos era algo diferente. Pillábamos el alcohol y nos íbamos por ahí, a un parque o incluso a casa de alguien, pero siempre a un espacio para beber tranquilamente, a nuestra bola, sin molestar ni ser molestados. Era una necesidad mútua. Y ni que decir tiene que al irnos recogíamos todo y lo depositábamos en un contenedor o papelera... No creo que lo que digo suene a carca sino al más puro y elemental civismo. Y si me apuras, cuestión de inteligencia. Si yo quiero hacer botellón y dejo todo hecho una porquería, estoy provocando al resto de vecinos. Estoy jugando en contra mía, porque deterioro un espacio público y doy razones a aquellos que quieren restringir mi derecho a pasármelo bien. Y si estas condiciones se cumplen, viva el botellón, coño, que está la economía como para pagar 6, 7 o más euros por copa los fines de semana.
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En Malasaña no fue un simple problema de botellón. Primero, el barrio lleva varios años sin celebrar sus fiestas, ignorados por el consistorio municipal. Segundo, y de acuerdo con la conocida Ley Antibotellón, está permitido beber en la calle en fiestas (y éstas eran las de la Comunidad). En tercer lugar, si los antidisturbios se ven obligados a intervenir, nunca puede ser a lo bestia como hicieron las noches del 31 y 1 de mayo, cargando contra culpables e inocentes por igual, y encima queriendo asegurarse de que no hubiera pruebas incómodas: tenemos el caso de Asier, que quiso grabárlo con su videocámara y sólo consiguió echarse encima una marabunta de policías enrabietados y enloquecidos que le molieron a golpes y le robaron la cámara. Esto clama al cielo y me gustaría pensar que se depurarán responsabilidades. Al menos estaban ahí los medios de comunicación, que nos dejaron imágenes como las que ilustran estas líneas. Si llego a estar yo con mi equipito, me pasa como a Asier. Qué nos jugamos.
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Pienso que nada de esto hubiera ocurrido si las fiestas del barrio se hubieran celebrado con normalidad y, al menos una vez al año, cierta tolerancia. Unas fiestas que, para muchos, eran las mejores de Madrid.
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Para más información, revisad los titulares en nuestra sección "Recortes de Prensa".

2 comentarios:

nata niña fakir dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
nata niña fakir dijo...

¡En pie pueblo obrero, a la batalla!
¡Hay que derrocar a la reacción!
¡A las barricadas! ¡A las barricadas
por el triunfo de la Confederación!

En fin, consideraciones botellonerianas al margen, creo que la policia municipal de Madrid está tan mal de lo suyo como sus jefes del Ayuntamiento que hacen túneles que se inundan si los riegas